Palabras envenenadas
Y le habló al oído cuando el sueño venía,
creyó cada susurro, sin ver la perfidia.
Ingenuo fue ante aquella infamia,
que entró en su alma cuando casi dormía.
Y le atacó después, sin compasión,
pero halló un ser aún sorprendido,
buscando entender la cruel confusión
de quien un día fue tan querido.
Pues aquel que fue traicionado,
un amigo noble y conocido,
cayó en desgracia ante su lado,
de quien en familia fue tan querido.
Y es que en noches de dulce pasión,
cuando susurran palabras al oído,
todo parece real entre sueños dormidos,
aunque sea una nefasta ilusión.
Que Dios perdone a tales criaturas,
que buscan entre sombras dividir,
pues con ternuras disfrazan sus dudas
y envenenan almas hasta hacerlas cambiar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario