QUERIDO PADRE
Transmitiste la vida a través de mi madre,
bella luz que debemos también continuar,
vida constante de manantial sin final,
esencia única de cristalina fuente.
Fuiste un faro que siempre guió nuestra vida,
con tu sutil tacto escogiste nuestro camino,
fuiste ferviente hincha de todo nuestro destino,
equivocaciones convertías en cosa convenida.
Eras puerto en tormentas y sin destinos,
fueron siempre tus consejos tan acertados
que aún hoy día buscamos, los por ti dados,
repertorio distinto de diferentes caminos.
Tu sabiduría tenía un único secreto:
a los seres vivos amabas, fuera el que fuera,
talento innato de los grandes de esta era,
lo imperdonable perdonabas, tan discreto.
Posibilidades creabas de la nada,
primero la gente antes que el dinero,
causa y efecto en la vida, lo primero,
milagroso mundo de vida abnegada.
Un plato de comida para el amigo hubo,
y en nuestra mesa la comida nunca faltó,
enseñanza generosa del que siempre dio,
a los demás, todo, inclusive lo que no tuvo.
Solo recibe quien da, nos dijo un día,
el camino de Dios siempre mostraste,
y con paciente sabiduría explicaste
cuánta razón en su palabra Él tenía.
Especial locura y cariño por tus nietos sentías,
como si vieras que el hilo de vida, ahí seguía.
Con amor mostraste a todos el camino guía,
creyente absoluto de que esta vida proseguía.
¡Oh, mi viejo, cuánta falta me haces hoy día!
Como lo estranamos .....
ResponderEliminarQuien eres anónimo?
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