ESPOSA MÍA
Delicioso ángel que Dios un día me dio,
mujer pedida en mi soledad, al gran Señor,
solo pedí, a la que me quiera, sin otro fin,
a la que me ame, solamente, si es así.
Y Él me dio primavera, otoño y verano,
de un muy feliz año, sin invierno cercano,
joya no descubierta, apreciada y escondida,
suave ternura que me alegra más la vida.
Suerte, no sé por qué merecida,
de tan preciosa gema pulida,
único y maravilloso tesoro,
vestigio de una época de oro.
Alguien trató de tenerte y, cual la espada del rey Arturo,
no pudo de la roca sacarte, eras hecha para mí, seguro;
eres transparente y pura como agua de cristalina fuente,
calmas mi sed, manantial dulce de pasión no intermitente.
Eres mi reina y yo tu rey enamorado,
en un bello hechizo nunca acabado,
solo vives para mí, amada señora,
descubierta en una noche y su aurora.
Me vistes con armadura, antes de salir,
diciendo a mi alma lo que quiere oír,
me haces creer el mejor, el más inteligente,
el más fuerte, y con mucho don de gente.
Pero cuando llego, sé que no lo soy,
aunque día tras día, de nuevo, como hoy,
me voy fuerte, animado y convencido,
cual un rey, felizmente, de nuevo ungido.
Me regocijo en tu mundo sin afanes,
suavemente cambias todos mis planes,
tranquilidad en el alma y en la mente,
junto a ti, solo mucho amor se siente.
Todo lo que haces y tienes encaja como un lego para mí,
tu figura apasiona mi cuerpo, imágenes traídas, hay en ti,
de muchas vidas ya pasadas que yo ya contigo las viví,
y forman lo que eres, siendo esto lo que me apasiona, así.
R.BUSTILLO M.
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